Fue en Abril, recuerdo haber estado agobiado en ese entonces, por ello no pudo ser un mes distinto a ese, así como no pudo haber pasado de otra forma.
Como ya se me había hecho costumbre miraba por la ventana como primera actividad consciente del día, fingiendo deleite, para acostumbrar mis ojos al movimiento continuo y armónico de aquellas figuras improvisadas que tenían la desdicha de introducirse en mi calle tan temprano como fuera posible.
lunes, 2 de enero de 2012
miércoles, 28 de septiembre de 2011
Mis tantas otras personalidades
Abro los ojos y vuelvo a la ceguera temporal, entro al estado en el cual todo duele.
Él empieza a desvanecerse y deja de ser tan real como de costumbre, vuelve a ese lugar en el cual solo es esclavo de mis tantas otras personalidades.
Él no puede ser real, al menos no hoy cuando me siento tan consciente.
Él empieza a desvanecerse y deja de ser tan real como de costumbre, vuelve a ese lugar en el cual solo es esclavo de mis tantas otras personalidades.
Él no puede ser real, al menos no hoy cuando me siento tan consciente.
domingo, 14 de agosto de 2011
Respirar me cuesta
Esas palabras dejaron de tener sentido o tal vez significan algo diferente esta vez.
Vivo apenas, con la eterna tortura de lo que alguna vez significaron esas palabras. Aunque ya no me hacen daño, me intimidan, me hostigan, reafirman su soberbia, reafirman mi insignificancia.
Esas palabras me consumen, consumen mis logros, consumen mi postura, me encuentro cada vez más cerca del suelo, tentando insultos que me convenzan finalmente de que ese es mi lugar, muy lejos del mundo, solo yo.
Solo yo y esas malditas palabras que suelen definirme, que desgastan mi cordura.
No espero salir de este círculo tan inherente a mí, soy yo y temo quedarme sin auto concepto. Esas palabras son las que me mantienen viva, algo angustiada, pero al fin viva con ese dolor eterno que motiva mis miedos, que hace que sean imposibles de enfrentar.
Tal vez eso que escucho entre pensamientos no sea otra cosa que significados, los que alguna vez pertenecieron a esas palabras y quisieron quedarse allí, para consumirme cada vez que desvío mi mirada hacia algún pensamiento.
Tengo miedo, miedo de permanecer ensimismada y perderme en ese maldito mundo alterno, en el cual solo soy infeliz, pues allí me reencuentro con mis recuerdos, esos que decidí suprimir de mis días conscientes para conservarme cuerda ante tanta ironía de este, mi mundo real, en el cual solo siento mucho.
Quisiera dejar de sonreír por cosas tan banales, quisiera sentir eso que muchos creen sentir: Felicidad.
No la siento, nada me complace, todo me hostiga, pero puedo fingirla, lo hago la mayor parte del tiempo, para convencerme de mi condición de ordinaria y olvidar por un momento lo doloroso que puede ser esto de respirar.
Sonrío con la mirada perdida, no soy buena fingiendo, no soy buena respirando, pero logro engañar a la mayoría de los mortales. Me rio de mí misma, porque esa mirada perdida hace que me conozca más, que note más mi insignificancia y me sienta cada vez más desorientada.
Mi vida es una suerte de incongruencias, mi experiencia en el mundo real me grita cosas que prefiero obviar, pues son cosas buenas que jamás aceptaré asumir, me sentiría tan culpable de hacerlo….Las encuentro tan distintas, tan lejanas de lo que significo yo, para mí.
Me embriago en mis pensamientos, los cuales me recuerdan una y otra vez que debería sentirme culpable, culpable de seguir viviendo o vergüenza de intentar hacerlo.
Últimamente, encuentro todos los días perfectos para morir, pero tal vez soy altamente materialista como para aceptarlo, pero me consuela pensar que soy valiente y no materialista.
La materia que me rodea no permite que me escuche, no permite que las voces que deambulan en mi cabeza se lleven mi cordura.
La ansiedad de seguir viva me esclaviza, logra incluso proyectar en mi mundo consciente imágenes que solo deberían permanecer en mi cabeza, esas imágenes me dominan, me obligan a recordar mi triste inseguridad, materializan esas palabras que él repite, esas palabras que sí, me hacen daño.
Ellos emiten sonidos sin sentido, pero yo los entiendo, sé que quieren que los siga y cada vez se me hace más difícil ignorarlos, esos sonidos logran extasiarme, me complacen, al fin algo me complace. Tal vez sea feliz con ellos, ya me cansé de seguir fingiendo.
Vivo apenas, con la eterna tortura de lo que alguna vez significaron esas palabras. Aunque ya no me hacen daño, me intimidan, me hostigan, reafirman su soberbia, reafirman mi insignificancia.
Esas palabras me consumen, consumen mis logros, consumen mi postura, me encuentro cada vez más cerca del suelo, tentando insultos que me convenzan finalmente de que ese es mi lugar, muy lejos del mundo, solo yo.
Solo yo y esas malditas palabras que suelen definirme, que desgastan mi cordura.
No espero salir de este círculo tan inherente a mí, soy yo y temo quedarme sin auto concepto. Esas palabras son las que me mantienen viva, algo angustiada, pero al fin viva con ese dolor eterno que motiva mis miedos, que hace que sean imposibles de enfrentar.
Tal vez eso que escucho entre pensamientos no sea otra cosa que significados, los que alguna vez pertenecieron a esas palabras y quisieron quedarse allí, para consumirme cada vez que desvío mi mirada hacia algún pensamiento.
Tengo miedo, miedo de permanecer ensimismada y perderme en ese maldito mundo alterno, en el cual solo soy infeliz, pues allí me reencuentro con mis recuerdos, esos que decidí suprimir de mis días conscientes para conservarme cuerda ante tanta ironía de este, mi mundo real, en el cual solo siento mucho.
Quisiera dejar de sonreír por cosas tan banales, quisiera sentir eso que muchos creen sentir: Felicidad.
No la siento, nada me complace, todo me hostiga, pero puedo fingirla, lo hago la mayor parte del tiempo, para convencerme de mi condición de ordinaria y olvidar por un momento lo doloroso que puede ser esto de respirar.
Sonrío con la mirada perdida, no soy buena fingiendo, no soy buena respirando, pero logro engañar a la mayoría de los mortales. Me rio de mí misma, porque esa mirada perdida hace que me conozca más, que note más mi insignificancia y me sienta cada vez más desorientada.
Mi vida es una suerte de incongruencias, mi experiencia en el mundo real me grita cosas que prefiero obviar, pues son cosas buenas que jamás aceptaré asumir, me sentiría tan culpable de hacerlo….Las encuentro tan distintas, tan lejanas de lo que significo yo, para mí.
Me embriago en mis pensamientos, los cuales me recuerdan una y otra vez que debería sentirme culpable, culpable de seguir viviendo o vergüenza de intentar hacerlo.
Últimamente, encuentro todos los días perfectos para morir, pero tal vez soy altamente materialista como para aceptarlo, pero me consuela pensar que soy valiente y no materialista.
La materia que me rodea no permite que me escuche, no permite que las voces que deambulan en mi cabeza se lleven mi cordura.
La ansiedad de seguir viva me esclaviza, logra incluso proyectar en mi mundo consciente imágenes que solo deberían permanecer en mi cabeza, esas imágenes me dominan, me obligan a recordar mi triste inseguridad, materializan esas palabras que él repite, esas palabras que sí, me hacen daño.
Ellos emiten sonidos sin sentido, pero yo los entiendo, sé que quieren que los siga y cada vez se me hace más difícil ignorarlos, esos sonidos logran extasiarme, me complacen, al fin algo me complace. Tal vez sea feliz con ellos, ya me cansé de seguir fingiendo.
sábado, 13 de agosto de 2011
Un lugar al cual nunca pude ir
Tengo un poco más de 20 años, vivo en el mismo lugar desde que nací, es un lugar en donde el silencio no existe, tal vez por eso no me gusta hablar mucho.
Juré que jamás dejaría que mi vida se volviera monótona, pero ahora no encuentro otra forma mejor de vivir, por eso tengo un vicio que me ayuda a lidiar con esa frustración de jamás cumplir mis promesas.
Ha pasado mucho tiempo desde aquel día y aún me cuesta cerrar los ojos sin sentir dolor por cada uno de mis errores, por eso desarrollé una adicción algo improvisada hacia los ansiolíticos que se han vuelto en una especie de rito que tengo antes de dormir.
Los meses pasaban, dejándome cada vez más vulnerable y acrecentando mis miedos siempre que hacía frío, los sonidos autodidactas de mi habitación comenzaban a irritarme con el tiempo y mis trastornos terminaron por gobernar mi vida completamente.
Juré que jamás dejaría que mi vida se volviera monótona, pero ahora no encuentro otra forma mejor de vivir, por eso tengo un vicio que me ayuda a lidiar con esa frustración de jamás cumplir mis promesas.
Ha pasado mucho tiempo desde aquel día y aún me cuesta cerrar los ojos sin sentir dolor por cada uno de mis errores, por eso desarrollé una adicción algo improvisada hacia los ansiolíticos que se han vuelto en una especie de rito que tengo antes de dormir.
Los meses pasaban, dejándome cada vez más vulnerable y acrecentando mis miedos siempre que hacía frío, los sonidos autodidactas de mi habitación comenzaban a irritarme con el tiempo y mis trastornos terminaron por gobernar mi vida completamente.
En la perfección de noviembre
Esa noche el viento disminuía mis cortinas, mis miedos se alimentaban de la hostil oscuridad de mi cuarto y se retrataban ahí, en donde acaba mi mirada, cerraba los ojos constantemente esperando soñar por siempre, quedarme en esa realidad que para mi era perfecta, que yo controlaba, que me hacia feliz.
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